Editorial cuyo objetivo fundamental es poner en circulación autores, temas y debates significativos para un público general a través de una perspectiva novedosa, que busca ser sólida desde lo teórico y, a la vez, ágil y atractiva desde lo metodológico. Los autores convocados gozan de un reconocido prestigio en instituciones culturales y educativas nacionales y extranjeras.
sábado, 24 de agosto de 2013
Reseña de Los que fueron, en ADN
En una nueva alusión al detalle como protagonista indispensable de Los que fueron, se publicó esta reseña en la edición del viernes 23 de agosto en el suplemento "ADN Cultura", del diario La Nación.
martes, 16 de julio de 2013
Sobre Las reliquias, de Diego Bentivegna
El mismo día que se presentó el libro de ediciones Cabiria, Los que fueron, también salió a la luz Las reliquias, de Diego Bentivegna (Alción). Acá, la réplica de la crítica del poemario que realizó Cecilia Romana para el diario El litoral de Santa Fe.
Éste es el primer libro de poemas de un pensador.
Un ensayista, un traductor, quien está más acostumbrado a razonar que a dejarse guiado por la intuición, escribe poesía con la sangre, porque hay allí un compromiso más específico que el del poeta puro.
Diego Bentivegna ha experimentado la tensión y el miedo del clavadista antes de saltar, pese a que su libro tiene un tono más bien calmo. Cuánto le habrá costado llegar a esa calma.
Las reliquias es un volumen de puro trabajo. Primero, sobre la memoria personal, sobre el recuerdo de la propia vida. Después, en relación con el lenguaje que, en este caso, no es otra cosa que la traducción en palabras de un sentimiento muy profundo, de uno que habría que rastrear hasta las raíces primigenias del autor, un doctor en Letras, investigador del Conicet, traductor de Pasolini, y cuántas cosas más.
Las influencias son notorias, más en una tonalidad que en el ambiente: Ungaretti, Montale, algo de la italianidad expectante de Europa y la puramente extasiada de América. La de sus padres y abuelos, la que anda pivoteando entre el sueño y la realidad, entre lo que podría ser y lo que es. Trazos de la ensoñación de Viel Témperley, quien podría haber sentido en los corderos de Bentivegna su propia patria. Y siempre, la limpieza formal, porque a través de la claridad es donde se lee la total sorpresa del autor.
La experiencia poética de Diego es el paso firme de un adolescente a la juventud, ya que no hay pasmo infantil en el libro ni, mucho menos, reconcentración de viejo ante los hechos. Para quien escribe de barcos que llegan transportando su sangre al continente, para el que cuenta cómo era esa Argentina que los recibió, los barrios del suburbio, los gajes de sus ancestros, siempre vistos desde el interés filial y, por qué no, antropológico, escribir un libro de poemas no es algo de todos los días. A Bentivegna se le fue la sangre en cada verso, se le fue la piel. Todo tamizado por su observación intensa de conocedor de una lengua y quien dice conocedor, dice amante-.
Esperamos el vuelo de pájaros que migran
sobre nuestras cabezas,
de las lentas bandadas que se arrojan
de pronto en los sembrados de una isla.
Como en una ruleta arreglada, en el único destino que cree Bentivegna es en el que marca el trabajo, la fe extrema en una vida mejor, la esperanza. Siempre la esperanza, como un faro, no sólo de su familia que llegó de Italia, sino de él mismo, de su literatura que, al convertirse en poesía, apuesta.
Porque la poesía, a pesar de ser la más vieja de todas las literaturas, es la más viva, la que no depende del valor de cambio, la que renace cada día bajo voces nuevas que, por intuitivas, al menos, se alzan a nivel de las antiguas.
Hay una pequeña nostalgia en Las reliquias. Una pregunta más bien, pero de esas que se hacen para responderse a sí mismo y afirmarse en lo único que hace al poeta algo diverso del resto: ¿dónde estoy y por qué? ¿Este es mi primer paso o el último?
En esa tensión camina el libro de Bentivegna, pero siempre bajo el auspicio de la providencia, que alimenta todo, hasta las noches más oscuras de un escritor.
El link del diario, aquí.
miércoles, 19 de junio de 2013
Librería Norte
Todas las publicaciones de Cabiria ediciones, inclusive Los que fueron, de Cecilia Romana, el flamante libro de la editorial, pueden adquirirse en
Avenida Las Heras 2225 (1127). Ciudad de Buenos Aires
Tel/Fax 4803.3944 Tel 4807.2039
martes, 18 de junio de 2013
Reseña de Los que fueron en el diario El litoral de Santa Fe
Bajo el título "Un registro del mundo en el detalle", el diario El litoral de la Provincia de Santa Fe publicó en su edición del jueves 23 de mayo una extensa reseña sobre Los que fueron, de Cecilia Romana.
Por Diego Di Vincenzo
Cecilia Romana ha sido y sigue siendo una aventurera entusiasta de las ocasiones literarias. Y digo “aventurera” como quien dice: la producción y la circulación de la poesía es un ejercicio cargado de alegría, unido indefectiblemente a la amistad como asociación de intereses comunes, espacio de arrojo vital y poético. Aventurera, además, porque la ocasión de la literatura es siempre un impulso hacia lo que todavía no ha sido dicho. Fundadora con Marina Serrano y Mercedes Araujo del sello Sigamos enamoradas (tal vez uno de los intentos más genuinos por desarropar a la poesía de sus tufos académicos, solemnes y bastardos), esta poeta bonaerense nacida en Martínez a mediados de la década del setenta, residente y conocedora alucinada de la ciudad de Santa Fe, obtuvo en 2006 el prestigioso Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz (Conaculta, México), y además de publicar poesía (Flota, hangares y otros trabajos mecánicos, Ediciones del Copista, 2004; No lo conozcas, 2006, merecedor del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, entre otros títulos), también escribe narrativa para niños (Fue acá y hace mucho. Antología de leyendas y creencias argentinas, en Kapelusz editora), edita antologías (Hotel Quequén I, II y III) y participa en libros de texto como colaboradora de Kapelusz, la centenaria editorial escolar.
En Los que fueron se diría que hay un sino de profeta, una voz que sentencia y desgrana su tradición en el mundo de los antiguos griegos, los hebreos bíblicos, la fauna del horóscopo chino. Se trata de una serie de poemas que beben de las mamas ancestrales de la Naturaleza, del ciclo (ritual) de la sucesión de la vida. En efecto, una poesía profundamente primitiva en sus evocaciones y gestos, asociada al despertar de la vida como estado salvaje, al destello de lo que busca abrirse paso a través de la máscara ominosa de las culturas urbanas: tal vez por eso casi no hay mención de la Ciudad de Buenos Aires; sí, en cambio, de algún barrio de Santa Fe capital, donde Romana residió unos años, y de espacios y tiempos de la Zona Norte del Gran Buenos Aires (Maipú, la avenida principal de Vicente López). También recuerdos de infancia, es decir, de ese relato primario que es prehistoria de identidad y futuro. La única alusión de una calle porteña (la palermitana Honduras, en el poema “Una alfombra para dos escritores”) registra una experiencia amorosa fallida. Una poesía que encuentra lo esencial de la experiencia humana en lo que ésta tiene de primigenia, abarrotada y caótica (mítica). El libro se abre con una cita del gran poeta griego Capetanakis: ... la sempiterna ambigüedad de las cosas/ que hace que nuestra vida signifique muerte, nuestro amor sea odio, y se cierra con el mismo espíritu (los versos finales del último poema del libro “Terrier”, dicen esto: ... sobre esta brutalidad construiré nuestro amor).
Por eso, este poemario evoca a Tiresias, el sabio ciego de la tragedia griega (el género de Dionisio, origen del teatro, dios del ciclo vital que se hace trizas y vuelve a vivir; dios del desenfreno: Un día una noche estaba borracho y me dijo: te quiero mucho, mucho, mucho, se lee en “Una noche-un día”), trae a los indios, y a los soldados, los regimientos, la guerra, es decir, a esos actores de la largas luchas intestinas previas a la instauración del Estado nacional. Por eso, hay San Francisco (el “santito” de la oda eterna a la Creación, a la naturaleza, a los animales), y hay tierra, flores y otros modos de resistir las mediaciones de la civilización técnica. La evocación del mundo dionisíaco, decíamos, pero también de la fuerza vital de Nietzsche o de la amenaza al Ser de Heidegger; un persistente olor de temas y tópicos también preurbanos, los de la poesía española medieval: Querrías ser mi hijo, soldado, piensa en “Gajes del ama de casa”).
Como señala uno de los poemas (hay una cierta fijación por el detalle), la forma de la enunciación en que este sujeto poético quiere construirse encuentra un registro del mundo en el detalle, en los intersticios o huecos; mira con lúcida sorna lo que queda fuera del poema (en particular, a los varones, a quienes reverencia con afán maternalmente erótico), y ese mundo se levanta en el poema evocado por una voz aniñada que, la mayoría de las veces, no comprende bien lo que allí sucede. Entre esas formas, se cuela también una rebeldía nunca colérica, más bien risueña, al estilo de la Alicia de Carroll, o maravillada, como la que nos entregó para siempre el pequeño Rimbaud. Rebelión que es pregunta, tristeza, despabilo.
Como las mujeres que habrán sido sus abuelas o tías, que mirarían por la ventana mientras zurcían calcetines, el mundo del que esta Romana se preserva tiene espacios privilegiados: la casa y el barrio, los baldíos, las flores y los animales, un marido y una hija, un amor para siempre.
Querría, querido lector, invitarlo con especial recomendación a leer este libro. Ya se sabe: se edita poesía a través de premios y premiaciones, proyectos independientes. Pero las tiradas son chicas, y la distribución, escasa. No hay duda de que la mejor manera de acceder hoy a la poesía es a través de Internet. ¡Quiera el editor de Cabiria desparramar estos versos por el mundo a través de la web! Tendrá usted, entonces, la ocasión de asomarse a una poesía que guerrea contra la automatización de la vida. Y que busca refugio en los espacios más inmediatos (a diferencia de los grandes proyectos estéticos del siglo XIX, en los cuales todo estaba lejos de casa), en los que Romana asienta todo su proyecto poético.
martes, 11 de junio de 2013
Pastilla sobre Los que fueron
sábado, 8 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
Presentación de Los que fueron, de Cecilia Romana
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