lunes, 2 de febrero de 2015

Borges, de Adolfo Bioy Casares


Por Enrique Butti


Borges, de Adolfo Bioy Casares, al cuidado de Daniel Martino, proviene de los diarios que Bioy Casares llevaba desde 1947. El material fue corregido y aceptado por su autor, y publicado tras su muerte, en una primera edición de 2006, que constaba de 1.663 páginas. Actualmente sólo se consigue en librerías una edición minor, notablemente reducida.
El registro del libro es y no es documental, sin duda no una transcripción magnetofónica ni taquigráfica. En referencia a la Vida de Johnson que tanto Bioy (que había preparado una edición anotada de ese libro) como Borges admiraban, y que claramente signa la estirpe a la que pertenece el Borges, leemos en la entrada del miércoles 18 de mayo de 1960: “Es claro que Boswell sí habrá corregido; habrá mejorado y estilizado los dichos y los episodios. Hizo bien”. El mejor Bioy Casares (el de Dormir al sol, el que ostenta un admirable registro inventivo del habla de las distintas clases sociales bonaerenses) está en el Borges, en esas correcciones.
El libro despertó descrédito, inquina y ninguneo por gran parte de nuestra intelligentsia literaria. La animadversión se entiende en los casos de María Kodama, de algún sobreviviente lurpeado o de algunos sucesores del ejército de literatos tomados en solfa; la más inaceptable es la de quienes acusan a Bioy de impiedad al retratar las debilidades de su modelo, guía y personaje principal del libro.
Bioy abunda en detalles sobre el envejecimiento de Borges, sobre su grotesco padecer los enamoramientos, su dependencia de los otros, su concebir sucio al sexo... (“5/6/1959. Come en casa Borges. No deja de poner la contera del bastón sobre las sábanas de mi cama. Ni de orinar mi baño”. Y así, como un obseso, registra la falta de puntería de Borges al orinar, hasta optar finalmente por desviarlo a un baño “que nadie usa”. Un día lo increpa: “¿Qué hacés?”, al verlo hurgarse “con las manos, por detrás, pantalones adentro”. O anota su insistencia en dejar mal los cubiertos o sacarse la dentadura en la sobremesa; en la playa lo empuja al verlo con una remera y “al aire el promontorio oscuro de testículos y pene”...). Para salvar o atenuar esa descortés impiedad basta advertir que Bioy es en primer lugar desalmado con su esposa y consigo mismo. No tiene rémoras en mostrarse cínico, pérfido, maniático, esnob, en sentir culpa y cavilar propósitos de enmienda.
Presumo que como yo muchos de los lectores de este libro desconocerán gran parte de los literatos apelados, vivientes en los años que comprende el diario (de 1931 a 1989). De manera que es sólo a través de los datos, anécdotas y chismes que presenta Bioy que se entra en conocimiento de ellos, exactamente como en los personajes de una novela. Que estamos en una suerte de novela lo entendemos cuando llegamos a las últimas páginas y asistimos al derrumbe progresivo de la complicidad y la confianza, cuando por ausencia evaluamos en la añoranza cuánto había sido feliz esa amistad, cuánto amorosa fue esa amistad que ya no está, y qué triste resulta el fin de cualquier amor, y esos golpes finales, las últimas llamadas telefónicas, la noticia de la muerte de Borges que el narrador recibe de la boca de un “individuo joven, con cara de pájaro” en un kiosco de diarios y revistas.
Un personaje despreciado puede ser el desencadenante de una sesuda consideración ética o metafísica; un personaje marginal puede ser el puntapié para un episodio que se vuelve central. De Susana Bombal, a quien Borges le dedicó más de un poema, la autora chilena de “La amortajada” —“a quien sus amigas (quienes la conocen) llaman Susana Abombada”, recurrente como comodín en gaffes varias—, anota el domingo 7 de julio de 1957:
Borges cuenta que Susana Bombal, en un alarde de erudición, le habló de Emilia Pardo de Bazán. También que le refirió lo siguiente: En Londres, una madre y su hijo suben a un ómnibus. Como está muy lleno, se separan; el niño queda junto a dos monjas. La madre advierte que el niño conversa animadamente con ellas; cuando llegan adonde tienen que bajar, les da las gracias y les dice que han hecho algo extraordinario, porque el niño es muy hosco y no se da con nadie. Las monjas explican: ”Habló con nosotras porque creía que éramos pingüinos”.
Si resulta desatinada la acusación de indignidad en la chismografía que despliegan Borges y Bioy es precisamente porque también a ellos debe concebírselos en el libro como personajes. No están traicionando al comensal que estuvo cinco minutos antes con ellos y ahora que se ha alejado resulta el pato de la boda. Simplemente, ambos están haciendo literatura. Están dirigiendo los comentarios de lo que fuera o sobre quien fuera hacia un formato que los haga memorables (interesantes a su interlocutor, y, por lo menos en el caso de Bioy, interesantes al lector, ya que está claro que escribía en vistas a la publicación).
En la mencionada entrada de 1960, cuando hablan del libro de Boswell, Bioy pone precisamente en boca de Borges esta pregunta clave: “¿Sabría Johnson que Boswell estaba escribiendo la Vida? ¿En el libro se dice? Krutch, me parece no aclara el punto. Habría que investigar eso... Yo creo que sí”. ¿Sabría Borges que Bioy estaba escribiendo el Borges? Yo creo que sí; o lo sabía o lo sospechaba o deducía. Más de una vez habrá despertado su susceptibilidad el reclamo de precisiones por parte de su amigo, tipo ¿cómo era aquel verso del Prometeo de Shelley que citaste ayer y no pude encontrar?, o, ¿quién era el que contaste la semana pasada que salvó al guapo de la cárcel y el tipo apareció con su señora y para agradecerle ordenó: “Patrona, chupásela al dotor”? Pero incluso si Borges no sabía ni sospechaba que se transcribían esas conversaciones, el estímulo por seducir a su interlocutor, en el marco de libertad absoluta que donaba el clima de intimidad y complicidad, lo hacía desplegar sus mejores recursos literarios, de otra manera no se concibe el raudal de sentencias inusitadas (preparadas), de sesudas consideraciones teóricas con ejemplos precisos, de chistes efectivos, de citas, hipérboles, paradojas.
Ahora, para que este diario, este libro de memorias, permita al lector hacer foco sobre el apunte histórico y encuentre su tempo novelesco, es necesario el largo periplo que deriva y fluctúa de la banalidad, el despropósito y la rutina al estallido y la fulguración. Implica aquel libro de mil seiscientas y pico de páginas. La edición minor que ha desterrado al mastodonte (fácil de remediar con dos o más volúmenes), la única a la que se puede tener acceso hoy, es inadmisible, porque una selección de los mejores diálogos, de las mejores anécdotas y de los mejores chistes reducen el libro a nada.
No hay página de estas casi 1.700 en la que yo no haya encontrado una expresión o frase o párrafo digno de subrayado. Leí Borges de corrido en el momento de su aparición, y desde entonces he vuelto muchas veces a consultarlo o a leerlo abriéndolo al azar. Más allá de las lecciones que imparte en sus consideraciones sobre la narrativa, sobre la traducción, sobre las pautas poéticas; más allá de las carcajadas y de los no pocos pantallazos de vivida crónica histórica y social y política, todavía recuerdo de aquella primera lectura la emoción con que recorrí las últimas páginas, una emoción no distinta a la que sobrevenía mientras terminaba de leer Ema, El tiempo recobrado o La conjura de los necios.

“La República posible”
Bajo el título de La República posible. 30 lecturas de 30 libros en democracia (Editorial Cabiria, Buenos Aires, 2014), Diego Bentivegna y Mateo Niro buscaron compilar un “recorrido crítico posible por un espacio literario complejo”. Convocaron a treinta escritores y críticos (“lectores especialistas”) para que eligieran un libro de autor argentino publicado en estos últimos treinta años y escribiera sobre él un texto crítico de tono ensayístico. Entre los convocados y sus elecciones (Pablo de Santis, que elige Los conjurados, de Jorge Luis Borges; Carlos Battilana -Poesía completa, de Juan Manuel Inchauspe-; Franco Vaccarini -Guiando la hiedra, de Hebe Uhart-; Daniel Link -El desierto y su semilla, de Jorge Barón Biza-; Cecilia Romana -Estado de reverencia, de Rodolfo Godino-; Ricardo H. Herrera -Escribanía de vivos y muertos, de Leonardo Martínez-) figuran el santafesino Enrique Butti y el Borges, de Adolfo Bioy Casares. En esta página transcribimos los pasajes esenciales de esa intervención.

domingo, 4 de enero de 2015

La república posible: El libro elegido

Diario Perfil

Por Silvia Renee Arias


Si el gran crítico es aquel que debe descubrir una verdad que estaba oculta, dar una interpretación nueva, como sostenía Adolfo Bioy Casares, los treinta "lectores especialistas", según el prólogo, que revisaron otros tantos libros para dar vida a este volumen brindan la máxima expresión de dicha premisa.

Cada breve ensayo ahonda en una literatura que da testimonio del período que atraviesa treinta años de democracia. Las veinte páginas del prólogo justifican el proyecto y son también una lección acerca de la crítica, el canon y las articulaciones del sentido. Páginas que dejan poco margen para objetar el criterio de elección. Los análisis de Los pichiciegos, de Fogwill (por Martín Kohan), El dock, de Matilde Sánchez (Paola Cortés Rocca) o Las islas, de Carlos Gamerro (Beatriz Vignoli) se incluyen por derecho propio en el posible mapa político en busca de una mirada que revisa el pasado reciente. Pero es, entre otros, en la presencia de Los conjurados, de Borges (Pablo De Santis),  Poesía Completa, de Juan Manuel Inchauspe (Carlos Battilana), Borges, de Bioy Casares (Enrique Butti) o Vivir afuera (otra vez Fogwill, en este caso por Diego Erlan), donde ese panorama se abre a aspectos sociales, económicos y éticos.
Franco Vaccarini -en su trabajo sobre Guiando la hiedra, de Hebe Uhart- dice que pensó en ese libro cuando le propusieron "un título significativo" para él. Para Ezequiel Alemian ese libro es Los autonautas de la cosmopista, de Julio Cortázar y Carol Dunlop; para Jorge Monteleone, Poemas 1960/1980, de Hugo Padeletti; para Luis Chitarroni, Tartabul, de David Viñas, y la lista sigue. Esta heterogeneidad de prosistas y poetas aporta el gran atractivo de La república posible y da visibilidad -honrando su título- a autores del interior como el citado santafesino Inchauste o el cordobés Rodolfo Godino (Estado de reverencia, por Cecilia Romana).
Presente la académica voluntad de revisar una tradición literaria con vista a "las formas que asumirá una literatura futura", al simple lector le provocará el deseo de leer a autores poco difundidos y la ansiedad de volver a las páginas de unos cuantos otros. 


lunes, 29 de diciembre de 2014

Voces y ecos. Una antología de los debates sobre la lengua nacional (Argentina, 1900-2000)

Por Juan Eduardo Bonnin para "Spanish in Context" 

Mara Glozman y Daniela Lauría. Buenos Aires: Cabiria- Ediciones Biblioteca Nacional, 2012. 170 pp.

El volumen que reseñamos presenta una antología comentada de textos publicados en la Argentina sobre la problemática de la lengua nacional o, en un sentido más específico, sobre la posibilidad y conveniencia de caracterizar, sostener e incluso normalizar una variedad del castellano -o español- específicamente argentina. Para ello, las autoras han realizado un minucioso trabajo de archivo, relevando textos clásicos -aunque desconocidos para los legos- y sumando al acervo de la glotopolítica textos ignotos pero de una novedad y frescuras innegables. En un sentido general, la ambiciosa empresa de presentar un panorama sobre los debates en torno al castellano de la Argentina es solventada con audacia en este volumen.
El libro comienza con una presentación destinada a contextualizar la problemática de la lengua nacional en la Argentina a partir del período, mejor conocido y documentado, del siglo XIX. Allí se propone una periodización en torno a dos etapas: la primera, en manos de la llamada “generación del '37”, funda un discurso antihispanista donde la fijación de una lengua y un discurso normativo “nacionales” -y, en casos como el de Sarmiento, (sud)americanos- forma parte programática del proyecto de construcción del Estado-Nación moderno, recientemente independizado de la metrópoli. La segunda, en cambio, llevada adelante por la “generación del '80”, parece buscar en el pasado -hispánico y nativo- los valores culturales y lingüísticos destinados a consolidar al Estado argentino y su proyecto agroexportador, acogiéndose a la expansión panamericana de los Estados Unidos, reforzando el imaginario rural a través del criollismo y reaccionando negativamente contra la afluencia masiva de una inmigración multilingüe y multicultural que resultó no ser lo que se esperaba.
A partir de esta tensión, entre la reivindicación de un idioma nacional y la filiación a una lengua internacional pero de “espíritu” español, las autoras fijan los ejes que, de manera más o menos explícita, atraviesan los textos presentados. Sin embargo, el atractivo de la antología reside también -y principalmente- en la presentación de debates concretos, desde una perspectiva sincrónica, en torno a las diferentes dimensiones del problema de la lengua nacional. En efecto, cada una de las siete secciones o capítulos se inicia con una breve introducción contextualizadora y, a continuación, prosigue con la reproducción de textos, extractados para su publicación, en función de los criterios de periodización establecidos.
La primera sección cubre los años 1900-1912 y en ella se presentan textos que ilustran la tensión entre, por una parte, posiciones tradicionalistas que renegaban de los nuevos procesos de contacto lingüístico derivados de la inmigración y otros que, por el contrario, veían allí la base social para la fundación de un idioma nacional de los argentinos. Esta sección establece una clara continuidad con temas ya estudiados por Lauría (2011, 2012). La segunda, que se despliega entre 1926 y 1933, muestra la creciente institucionalización del discurso sobre la lengua, especialmente a partir de la creación del Instituto de Filología Hispánica de la Universidad de Buenos Aires y de la Academia Argentina de Letras. En un sentido más amplio, el capítulo ilustra también las reacciones frente a estas instituciones y la persistencia de ideologías lingüísticas emancipatorias, incluso antiintelectualistas. Entre 1941 y 1943 se concentra el pequeño pero importante conjunto de textos que surgieron en torno al volumen La peculiaridad lingüística rioplatense y su sentido histórico (1941) del filólogo español Américo Castro, más conocido por sus detracciones (como el clásico ensayo de J. L. Borges, “Las alarmas del doctor Américo Castro”) que por su contenido. La cuarta sección cubre el período 1951-1955, en el cual los procesos políticos del peronismo, que dieron lugar a una reconfiguración del problema de lo nacional y, sobre todo, a un nuevo sujeto político, el pueblo, atraviesan también los debates sobre la lengua (cfr. Glozman 2010 a y b). Como un rasgo específico de esta etapa, las autoras muestran la incidencia de estas polémicas en la formulación de discursos de Estado y políticas lingüísticas específicamente diseñadas para encarar la especificidad del castellano de la Argentina. El quinto capítulo, que cubre los años 1960-1964, se organiza sobre todo en torno a la discusión surgida sobre el voseo en la lengua y la literatura nacional. En una de las secciones más atractivas del volumen, las autoras incluyen trabajos provenientes de la literatura, la incipiente sociología de la cultura argentina, el discurso periodístico y el pedagógico. La siguiente sección, que reúne textos publicados entre 1973 y 1983, toma como criterio interpretativo el contexto autoritario vivido en torno a la última dictadura militar en la Argentina (1976-1983) y, a partir de allí, expone pasajes de diversa procedencia que ilustran la historicidad del sintagma “idioma de los argentinos”, que ya no aparece bajo la tónica emancipatoria de los primeros años del siglo sino como símbolo de la mirada tradicionalista y esencialista que quiso hacer desaparecer a todo “otro” que se percibiera como “antinacional”. Por último, la sección séptima cubre el período 1989-1997, concentrándose en la producción de discursos especializados provenientes de la glotopolítica y la lingüística y su diálogo con el discurso legislativo de las políticas lingüísticas, encarando el doble problema de la diversidad lingüística dentro de las fronteras nacionales y, a la vez, la integración latinoamericana en torno al Mercosur.
El libro interpela a un público amplio, que va de los investigadores y docentes  especializados que busquen disponer de un mapa de los debates sobre la lengua en el cual profundizar hasta lectores legos que, simplemente por curiosidad, quieran tener un panorama en el cual la rigurosidad del trabajo de archivo se complementa con el valor -histórico, pero también estético- de los textos seleccionados. En tal sentido, a la inclusión de clásicos inaccesibles (como el Idioma nacional de los argentinos, de Lucien Abeille) y clásicos de circulación masiva (como el ya citado de Borges) se suman textos desconocidos de autores que no por ignotos son menos ilustrativos de la diversidad de puntos de vista que atravesaban estos debates, como el pintoresco Luis C. Pinto. En ese sentido, hubiera sido deseable una pequeña síntesis biográfica de los autores convocados que -especialmente en casos como este último- no siempre son accesibles para el lector.
Cabe interrogarse, al respecto, acerca de algunos aspectos del libro que podrían ser susceptibles de una mirada crítica. En primer lugar, se encuentra el problema de la periodización y, en un sentido más general, de la interacción de la mirada glotopolítica con la mirada historiográfica: ¿duró el siglo XX desde 1900 hasta el año 2000? La caracterización ofrecida por E. Hobsbawn (1994), que lo ve como un siglo corto delimitado por  1914 y 1991, se corresponde con la periodización de las propias autoras, que señalan la estrecha vinculación de los textos presentados en la primera sección con los debates del siglo XIX. Del  mismo modo, el hiato cronológico y conceptual entre las secciones seis y siete podría leerse en el sentido de un cambio de época que introduce el problema de la integración y la conformación de bloques regionales en la agenda de desafíos político-lingüísticos del siglo XXI. Un segundo aspecto crítico que podría señalarse en los criterios de muestreo de los textos reunidos es el de una mirada que ancla el problema de la legua nacional en la capital federal, Buenos Aires. En tal sentido, gran parte de los textos presentados toman como paradigma de identidad lingüística la variedad rioplatense y los fenómenos de contacto propios del ámbito porteño. Hubiera sido positivo incorporar también los debates ocurridos en otras regiones de la geografía nacional, protagonizados por no menos relevantes u originales actores: desde lingüistas europeos exiliados en la Universidad Nacional de Tucumán como Antonio Tovar y, especialmente, Benvenuto Terracini (Bentivegna 2012) hasta letrados locales que anclaron el problema de la lengua en la historia, el folklore y la geografía argentinas, como Bernardo Canal Feijóo y los intelectuales santiagueños reunidos en el grupo La Brasa (Martínez 2010).
Estos reparos, sin embargo, al mostrar los límites del trabajo reseñado señalan también la vastedad de la empresa y el éxito alcanzado por las autoras, que dan al público un trabajo de referencia que será imprescindible para los lectores interesados en la reconstrucción de los debates sobre el idioma nacional en la Argentina y que representa, esperamos, el primero de una serie de textos de semejante intención cuya relevancia, pertinencia y calidad son inobjetables.

Referencias bibliográficas
  • Bentivegna, Diego (2012) “Benvenuto Terracini y Antonio Tovar: divagaciones y conflictos en torno a la filología en la Argentina (1948-1951)”, en I Jornadas Internacionales de Historia de la Lingüística, Buenos Aires, 1-3 de agosto de 2012.
  • Glozman, Mara (2010 a) “La revista católica Criterio y la defensa del hispanismo durante el segundo gobierno de Juan D. Perón (Argentina, 1952-1955)”, Spanish in Context, 7 (1): 143-160. 
  • Glozman, Mara (2010 b) “Lengua, cultura y soberanía nacional en la Nueva Argentina : el Segundo Plan Quinquenal (1952)”, en Narvaja de Arnoux, Elvira y Roberto Bein (Eds.) La regulación política de las prácticas lingüísticas, Buenos Aires: EUDEBA, 2010, pp. 215-242.
  • Hobsbawn, Eric (1994) The age of extremes. The short twentieth century (1914-1991), Nueva York: Vintage Books.
  • Lauría, Daniela (2011) “Apuntes para una historia de la producción lexicográfica monolingüe en la Argentina: etapas del proceso de diccionarización y modalidades diccionarísticas entre 1870 y 1910”, Boletín de Filología, XLVI (1): 105-151.
  • Lauría, Daniela (2012) Continuidades y discontinuidades de la producción lexicográfica del español de la Argentina. Un análisis glotopolítico de los diccionarios publicados en el marco del Centenario y en el del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Tesis de doctorado (área lingüística), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
  • Martínez, Ana Teresa (2010) “Estudio Preliminar. Leer a Bernardo Canal Feijóo”, en Canal Feijóo, Bernardo, Ensayos sobre cultura y territorio, Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes – Prometeo, pp. 13-38.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Libros 2014

Télam

Sin ninguna pretensión de exhaustividad, escritores, editores, traductores y periodistas diversos hicieron pública hoy para esta agencia sus preferencias en materia de algunos de los libros que circularon en el país durante el año que se termina: Joaquín Giannuzzi, Ricardo Piglia, Sebastián Robles y Thomas Pynchon entre los favoritos.

GERMAN MAGGIORI
Al límite, de Thomas Pynchon (Tusquets)
Antología personal, de Ricardo Piglia (FCE)
 
JORGE AULICINO
Obra completa, de Joaquín Giannuzzi (Ediciones del Dock)
La República posible -30 lecturas de 30 libros en democracia, de varios autores, compilado por Diego Bentivegna y Mateo Niro (Editorial Cabiria)
 

JOSE IOSKYN
Todo lo que hay, de James Salter (Salamandra)
Fogwill. Una memoria coral, de Patricio Zunini (Mansalva)
 
FRANCISCO GARAMONA
Primera Línea de fuego, de Tálata Rodríguez (editorial Tenemos las Máquinas) 
Algo más sobre la maternidad, de Lucrecia Rojas (Ediciones Belleza y Felicidad)
 
JORGE FONDEBRIDER
Poesía completa, de Joaquín Giannuzzi (Del Dock)
Poemas reunidos, de Daniel Samoilovich (Bajo la Luna)
 
HERNAN VANOLI
Casa de Hojas, de Mark Z. Danielewski (Pantheon)
 
JUAN TERRANOVA
Las redes invisibles, de Sebastián Robles (Momofuku)
El momento de debilidad, de Bob Chow (Nudista)
 
NICOLAS MAVRAKIS
Las redes invisibles, de Sebastián Robles (Momofuku)
Volverse público, de Boris Groys, (Caja Negra)
 
GUSTAVO DESSAL
Carson MacCullers, Cormac Mac Carthy, Philip Roth, John Coetzee, Esquilo, Eurípides, Homero, Shakespeare, Haruki  Murakami, Kenzaburo Oé.
 
GUIDO INDIJ
Conspiración en el país de Tata batata, de Ezequiel Martínez Estrada (Interzona)
La apropiación, de Ignacio Apolo (Interzona)
 
JUAN RAPACIOLI
Al límite, de Thomas Pynchon (Tusquets)
Antología personal, de Ricardo Piglia (FCE) 
Maldad, de Patricia González López
La muerte tiene los días contados, de Mario Meléndez 
 
PABLO E. CHACON
El desayuno del vagabundo, de Richard Gwyn (Bajo la Luna)
Psicopolítica, de Byung-Chul Han (Herder)
Los catorce cuadernos, de Juan Sklar (Beatriz Viterbo)
 
CECILIA BOU
Un hombre enamorado, de Karl Ove Knausgard (Anagrama)
Cerocerocero, de Roberto Saviano (Anagrama)

lunes, 22 de diciembre de 2014

La república posible: puntos de venta

Se puede adquirir La república posible vía mail a cabiriaediciones@hotmail.com o en los siguientes puntos de venta:

Guadalquivir
Callao 1012
4816-0221

Rincón del anticuario
Junín 1270
4827-1666

Librería del Mármol
Lavalle 2015
4372-6065

Norte
Av. Las Heras 2225
4807-2039 / 4803-3944

lunes, 1 de diciembre de 2014

LA REPÚBLICA POSIBLE

Cabiria Ediciones presenta su nuevo libro La república posible. 30 lecturas de 30 libros en democracia. 
Este libro no es un mapa, no es una antología, no es una guía, no es una bitácora. El principio que lo sostiene es el de hacer de la lectura de los textos publicados en los años de la democracia una lectura compartida.